DESCRIPCIÓN DEL CÓNIDE
“He visto un Cónide” es un proyecto con un objetivo preciso, el de dar un sentido al individuo que realiza obras de arte que no son consideradas como tal.
Este individuo obtiene el nombre de “Cónide” a partir de un proceso creativo ideado para la ocasión que parte del modelo etimológico de la lengua latina: Connetor (conector) Ideas (Ideas)= Conector de ideas. Conector de ideas, una fusión que indica a aquel individuo que debe ser
capaz de crear una conexión de ideas. Puede parecer banal, pero sin embargo es bastante compleja dado que todavía hoy en día hay muchísimas personas que delante de cualquier objeto de arte no comprenden las emociones que éste transmite. La misión es identificar a todas esas personas que hacen aquel objeto que no es entendido, con el fin de sostener y apoyar esa incomunicabilidad.
Un ejemplo de Cónide es Marcel Duchamp, que en el 1900 logró realizar una obra que cambió literarmente el significado de la palabra “arte” que hasta el momento era considerado, y ahora lo estimamos como un gran artista. Él es sólo un ejemplo, algunos cuadros de Van Gogh fueron utilizados para cerrar gallineros, y posteriormente han sido pagados con cifras desorbitadas, segurmente por las mismas personas.
Esta investigación ha nacido a partir de una curiosidad personal, y también de algunas experiencias personales. Contaré una: estaba en Bilbao, una maravillosa ciudad, en un viaje de placer. Como todos los turistas visité los lugares escritos y dirigidos por el Ayuntamiento, como el Guggenheim, donde llegué a la conclusión de que ya no existe el momento “empático”, como algo material entre el observador y la obra, porque puede ser también que la obra no exista físicamente. Muy contento me puse en la cola, inmensa, “cuántos amantes del arte” pensé, pero otra parte de mí me decía “Mira que el Ayuntamiento ha hecho un buen negocio metiendo aquí el Guggenheim, miles de turistas vienen aquí solo por esto”. Llegamos a la caja y la señorita, porque en estos sitios siempre hay señoritas bellas, elegantes y sonrientes, nos imprime el billete y nos dio una radio “por el descuento de estudiantes”, dijo. Vale. De la primera obra recuerdo solo que habían letras
led que se movían; escuché por la radio que nos dio la señorita cómo una voz robótica explicaba de forma muy detallada la obra, empezando en el motivo por el que estaba ahí. Después de diez minutos de palabras, que me parecían pocas para entender esa obra, pensé que sin duda debería estudiar la vida y obra de aquella artista -Jenny Holzer- para poder entenderla. Hice este procedimiento con prácticamente todos los artistas presentes en el museo, y me dí cuenta de que el arte actual es realmente para pocos. Me imagino las personas que no han entrado nunca en un museo, ¿cómo pueden nunca enterderlo? Este hecho me encuriosó mucho porque hizo que me preguntara muchas cosas, por ejemplo: ¿Qué lleva a una persona a no ser capaz de entrar en contacto con una obra de arte? ¿Será fruto de la escasa educación en en la materia del arte? No lo sé, per son estas preguntas las que me han llevado al conocimiento, a través de búsquedas, de varias metodologías experimentales de didáctica en el campo del arte; y es en este punto en el que he llegado a la conclusión de que probablemente esta reflexión, estas dudas, no me afectan solo a mí, sino que viven dentro de más personas. Probablemente el arte no es entendida porque está mal divulgada y de forma insuficiente.
Conclusiones algunas reflexiones finales
Mientras escribía esta tesis tuve el honor de poder fotografiar las estructuras de hierro creadas por un amigo mio, Davide Pisapia. Una historia maravillosa la de su familia. En cuanto me vio, el padre me dijo: “Aquí, nosotros, estamos haciendo un trabajo psicológico con nuestros dependientes: sabemos muy bien que este período se está convirtiendo en un cáncer para cada familia, esta crisis nos está destruyendo”. Este trabajo psicológico consiste en ocupar el tiempo de los dependientes haciéndoles crear estas estructuras, evitándoles así una depresión debida a los depidos de personal por el poco trabajo que tiene la empresa actualmente. De esta manera, una fábrica que producía hierro, de un día para otro, ya no hace más sillas para los jardines de sus clientes, sino que crea obras de arte. Fotografiando he percibido una diferencia: no conseguía colocarlos en un contexto, no servían para nada, entonces pensé que tal vez solo podrían ser obras de arte. Fue en ese momento en el que me he sentido como el espectador que observa un cuadro y no lo entiende, pero he intentado no ignorar mi incompresión, sino superarla, lo que me ha permitido poder individuar al artista detrás del cónide. Lo que con el tiempo pasó de artesanal a arte, y después a diseño, ¿puede pasar de nuevo a arte? Es una simpática metamorfosis. La evolución del arte llega también gracias a las condiciones sociales. De esta reflexión nace de la exigencia de tener que, en este punto de la historia, dar un nombre a todas estas personas que día tras día hacen arte y quieren contribuir en él. El “Cónide” es aquel artista que no es entendido ni apreciado en la época en la que vive, es un artista que se encuentra en el momento y lugar equivocado porque juega con un arte que es distante al tiempo en el que ocurre y el modo de ver las cosas en ese momento. Es importante ser conscientes de esto, y no considerar estas personas inferior al resto, no subestimarlas. Si nos ponemos en su lugar podemos llegar a comprender su posición de marginación social y el sentimiento de no sentirse aceptadas por el resto. Si, por el contrario, no lo hacemos, desencadenamos un proceso que destruye tanto sus obras como su persona, y que activa un mecanismo de no-retorno, y sobre todo de decadencia del artista y del espectador. Entonces, considerar al cónide significa admitir la propia ignorancia empática, evitando así cometer siempre el mismo error; es decir, criticar algo el cual tal vez en un futuro nos podramos encontrar estudiándolo en un libro o cuyo valor aumentará inimaginablemente. Mi esperanza es que cada cónide pueda convertirse, por el espectador, en un artista.
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